El establecimiento de esta rama de la pedagogía como área de estudio propia se basa en una serie de características que la diferencian de otras ramas similares. En concreto, los supuestos centrales se orientan a poner en evidencia la distinción entre el destinatario una determinada disciplina. Así, el alumno o aprendiente adulto presenta una autonomía, una capacidad de reflexión, un nivel de experiencias previas mucho mayores que los que se dan en la etapa infanto-juvenil.
Entre las premisas sobre las que se centra la Andragogía se diferencian principalmente: el hecho de presentar una concepción personal y auto-dirigida del aprendizaje, la influencia de la experiencia previa para la asunción de nuevos aprendizajes y viceversa, un énfasis en el aprendizaje aplicado a situaciones concretas cotidianas, así como definido con un propósito real y la disposición de un nivel de motivación intrínseca muy significativo y determinante.
Se hace necesario buscar nuevas formas de activar la metacognición en la edad adulta y de ello se encarga la Andragogía que es la disciplina que se ocupa de la educación y el aprendizaje del adulto, a diferencia de la Pedagogía que se aplica a la educación del niño. De una manera muy sucinta podría decir que "Andragogía es al adulto, como Pedagogía al Niño". El niño se somete al sistema, el adulto busca el conocimiento para su aplicación inmediata que le permita redituar en el menor tiempo, existiendo la clara conciencia de buscar ser más competitivo en la actividad que el individuo realice, más aún si el proceso de aprendizaje es patrocinado por una organización que espera mejorar su posición competitiva, mejorando sus competencias laborales, entendiendo como competencias al conjunto de conocimientos, habilidades, destrezas y actitudes orientadas a un desempeño superior en su entorno laboral, que incluyen tareas, actividades y responsabilidades, que contribuyen al logro de los objetivos clave buscados.
